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Elevator pitch

Un evento de networking, un stand de feria, la cola del café en un congreso: “¿Y tú a qué te dedicas?” Tienes 60 segundos antes de que la otra persona siga su camino. eloqole condensa tu oferta en un pitch que funciona sin diapositivas y deja una pregunta en el aire.

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Última actualización: 9 de julio de 2026

Qué es un elevator pitch

Un elevator pitch es una presentación breve de 30 a 90 segundos: tu oferta, tu idea de negocio o tú mismo, explicados en lo que dura un trayecto en ascensor. De ahí el nombre: la escena original es el ascensor en el que un fundador coincide por casualidad con una inversora y tiene exactamente hasta la octava planta. Otros nombres para el mismo formato: elevator speech o elevator statement.

El pitch no es un plan de negocio encogido ni un pitch deck sin diapositivas. Tiene un único objetivo: despertar tanta curiosidad en tu interlocutor que quiera una segunda conversación. Vender viene después. Quien busca cerrar la venta en el ascensor pierde las dos cosas: la venta y la conversación.

La estructura: cinco bloques

Un elevator pitch convincente sigue un plano que lleva décadas funcionando en ventas:

1. El gancho. Una frase que haga visible el problema: una cifra, una escena, una pregunta. “Cada día circulan por España 150.000 camiones medio vacíos.”

2. La solución. Qué haces, en una frase sin jerga. Tu vecina tiene que entenderla.

3. El beneficio. Qué gana tu interlocutor, en concreto: horas ahorradas, costes ahorrados, clientes ganados. “Mejor” y “más eficiente” no cuentan; “un 40 por ciento menos de trayectos en vacío” cuenta.

4. El elemento diferenciador. Por qué tú y no un competidor. Basta una razón: la más afilada.

5. La llamada a la acción. El pitch termina con algo que tu interlocutor puede hacer: una pregunta de vuelta, una propuesta de reunión, una demo en el móvil. Sin ese cierre, todo lo anterior se evapora.

Si tienes que recortar, elimina primero el bloque 4. El gancho y el cierre se quedan siempre.

La duración correcta: 30, 60 o 90 segundos

Como regla general: 30 segundos son unas 75 palabras habladas, 60 segundos unas 150. La versión de 30 segundos la necesitas para encuentros casuales y el stand de feria, la de 60 para eventos de networking y rondas de presentación, la de 90 solo si alguien te pide expresamente que sigas hablando. Practica las tres. Se recorta antes, nunca mientras hablas. Quien recorta en directo suele saltarse el final, justo el bloque que provoca la siguiente conversación.

Dónde necesitas el pitch

Networking y congresos. El clásico. Entre la tarjeta identificativa y la taza de café se decide en un minuto si tu tarjeta de visita significará algo a la mañana siguiente.

Entrevista de trabajo. “Cuéntame algo sobre ti” es una invitación a un elevator pitch en causa propia. Quien recita su currículum en orden cronológico desperdicia los 60 segundos más fuertes de la entrevista. La presentación personal sigue la misma estructura: problema que resuelves, prueba, cierre.

Inversores y eventos de startups. Antes del pitch deck viene el pitch. Muchos inversores deciden en el primer minuto si quieren ver las 19 diapositivas restantes. Para el formato largo existe el pitch para inversores como página propia.

Ventas, reuniones y puerta fría. También la reunión interna en la que tienes que presentar tu proyecto en dos minutos es un pitch. Por teléfono no tienes 60 segundos, sino más bien 20. Los mismos bloques, recortados sin piedad: problema, solución, propuesta de cita.

Por escrito. Las dos primeras frases de tu perfil de LinkedIn, de tu web o de tu correo de captación son un elevator pitch en versión texto. Quien tiene el pitch hablado tiene la versión escrita casi regalada.

El modelo AIDA: útil, pero no es un guion

En muchas guías aparece el modelo AIDA: Attention, Interest, Desire, Action. Como lista de comprobación sirve: ¿tiene mi pitch un momento de atención, despierta interés, deja ganas de más, termina con una acción? Como manual de construcción sirve menos, porque viene de la publicidad impresa de 1898 y no dice nada sobre conversaciones. Escribe el pitch siguiendo los cinco bloques y compruébalo después con AIDA. Al revés salen pitches que suenan a anuncio.

Qué importa al redactar

La primera frase nombra el problema, no tu cargo. “Soy fundador de una startup SaaS en el sector logístico” mata conversaciones. “Cada día circulan por España 150.000 camiones medio vacíos; nosotros los llenamos” abre una. A los diez segundos, tu interlocutor tiene que poder ver el problema.

Una imagen vale más que tres adjetivos. “Innovador, eficiente, escalable” pasa de largo. Una comparación concreta se queda: “Como un asesor fiscal que responde a las tres de la madrugada.” Mete en tu pitch exactamente una imagen que tu interlocutor pueda contar al día siguiente. Eso es lo que se recordará cuando tu tarjeta lleve tiempo perdida en un bolsillo.

Una prueba convierte la afirmación en sustancia. Basta una sola cifra: 300 clientes, un 40 por ciento de ahorro, tres meses de lista de espera. Sin prueba, todo pitch suena a deseo. Si aún no tienes cifra de clientes, usa la cifra más contundente del problema.

El final es un pase. El pitch termina con algo que tu interlocutor puede hacer: una pregunta (“¿Cómo lo resolvéis vosotros?”), una oferta (“Te lo enseño en dos minutos en el móvil”), un siguiente paso. Un pitch que termina con un punto, termina de verdad; uno que termina con un pase se convierte en conversación.

Los errores más frecuentes

Empezar por el currículum. Nombre de la empresa, año de fundación, tamaño del equipo: todo cosas que tu interlocutor podría buscar en Google si algún día le interesas. Este minuto sirve para generar ese interés.

La jerga como prueba de competencia. “Orquestamos una solución middleware API-first” impresiona exactamente a las personas que ya conocen tu solución. Todos los demás asienten por cortesía y no retienen nada.

Demasiados detalles. El pitch debe dejar una pregunta abierta. Quien responde todas las preguntas le quita al interlocutor el motivo para continuar la conversación.

El sonsonete de memorizado. Un pitch que suena recitado en tono y ritmo activa en quien escucha el reflejo del curso de ventas: distancia. Aprende la estructura, varía las palabras, practica en voz alta, también ante la cámara; todo el mundo subestima su propia velocidad.

Un pitch para todos los públicos. La inversora quiere oír tamaño de mercado, el cliente horas ahorradas, el contacto de la feria una buena historia. Mismos bloques, distinto final.

Ejemplos completos y redactados, con comentario de por qué funcionan, los encontrarás en nuestros ejemplos de elevator pitch.

Así nace tu pitch con eloqole

Le cuentas a eloqole qué ofreces, para quién y con qué prueba. De ahí salen variantes de pitch redactadas para tus interlocutores más importantes, sea cliente, inversor o contacto de networking, cada una exacta en 30, 45 o 60 segundos. Eliges, pules y practicas en voz alta hasta que el pitch suena como contado de pasada.

1

Cuenta

Palabras clave, nombres, momentos — eloqole pregunta lo necesario, las notas sueltas bastan.

2

Da forma

Elige tono y duración. Reordena el guion hasta que encaje.

3

Preséntalo

Lee el discurso terminado, púlelo y ensaya con el teleprompter hasta dominarlo.

Preguntas frecuentes

+¿Cuánto dura realmente un elevator pitch?

Entre 30 y 60 segundos, es decir, de 75 a 150 palabras habladas. Todo lo que pase de ahí es un monólogo. eloqole escribe al segundo: tú fijas la duración y ves el número de palabras.

+¿Cómo se estructura un elevator pitch?

Cinco bloques: un gancho que haga visible el problema; tu solución en una frase; el beneficio concreto; tu elemento diferenciador; una llamada a la acción. Si hay que recortar un bloque, se recorta primero el diferenciador, nunca el gancho ni la pregunta final.

+¿Qué es el método del elevator pitch?

La idea viene de las ventas en Estados Unidos: convence a alguien de tu idea de negocio en lo que dura un trayecto en ascensor. De ahí nació un ejercicio que obliga a reducir cualquier oferta a su núcleo. Quien no puede explicar su proyecto en 60 segundos todavía no conoce el núcleo.

+¿Qué cabe en esos 60 segundos?

A quién liberas de qué, cómo, y una prueba. “Ayudo a talleres y empresas de reformas a redactar sus presupuestos en 10 minutos en vez de 2 horas; ya lo usan 300 negocios.” Cuatro elementos y ni una palabra de historia corporativa.

+¿Debo aprenderme el pitch de memoria?

La estructura sí, el texto literal no. Un pitch recitado palabra por palabra suena a curso de ventas. Aprende exactos la primera frase y la pregunta final, la parte central en ideas clave, y seguirá siendo una conversación.

+¿Necesito varias versiones?

Al menos dos. El pitch para un inversor termina distinto que el pitch para un cliente potencial o para un posible cofundador. eloqole crea variantes para distintos interlocutores a partir de los mismos bloques.

+¿Puedo usar tecnicismos?

Solo los que tu interlocutor conoce con total seguridad. La prueba: ¿entendería la frase tu vecina? Si tienes que explicar qué significa “API-first”, ya has perdido tus 60 segundos.

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